El Djem

Una de las visitas que más me gustó en mi viaje a Túnez fue el anfiteatro de El Djem.

Yo me alojaba en la zona de Sousse. Desde allí, decidimos tomar un lougagge o taxi compartido, ya que era la opción más rápida y barata, si no queríamos conducir nuestro propio coche.


El Djem se trata de uno de los anfiteatros más grandes después del Coliseo de Roma. Conocido como coliseo de Thysdrus, data del siglo III y es, desde 1979, Patrimonio de la Humanidad. Con una capacidad para 30.000 espectadores, no solo fue escenario de luchas de gladiadores, si no que también ha acogido producciones cinematográficas como Gladiator. Hoy en día, y, debido a su acústica privilegiada, se utiliza como sede para diversos conciertos y eventos musicales.

La entrada, que incluye también acceso al museo anexo, cuesta alrededor de 6 dinares. Yo tuve la suerte de entrar gratis, ya que los autóctonos de la zona no pagan entrada. Pero, como yo de tunecina tengo más bien poco, me toco hacerme pasar por la esposa de mi amigo y asentir y sonreír, mientras él hablaba con el guarda de la entrada.

 

 

Recorriendo sus angostos pasillos, ascendiendo y descendiendo por las empinadas escaleras y mirando a través de las rejas el lugar donde los gladiadores esperaban a ser llamados a la arena, una casi puede meterse en su piel, ya que el anfiteatro se encuentra realmente bien conservado.

 

Desde el punto más alto se obtienen unas vistas magníficas de la pequeña ciudad que vive en torno al colosal monumento. En ella, podemos encontrar pequeñas tiendas y restaurantes artesanales y guías “profesionales” que nos ofrecen tours por la ciudad y el anfiteatro.

Una vez terminamos la visita al coliseo, nos dedicamos a callejear por la ciudad y decidimos parar a comer y a descansar un poco del calor abrasador.

Tras reponer fuerzas, nos dirigimos al museo, que se encuentra a unos minutos andando y está bastante bien señalizado.

Allí pudimos disfrutar de una de las colecciones de mosaicos más importantes de Túnez.

Sintiéndonos abrumados por la cantidad de restos arqueológicos que se encuentran en el museo, nos dirigimos de vuelta a la estación de lougages para emprender el camino de vuelta hacia el hotel, para disfrutar de un merecido rato de playa.

Un día increíble en el que tuve la suerte de poder combinar una mañana de turismo con una tarde-noche de relax en la playa.

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