London one

Nuestro primer viaje fuera de España!! Este primer viaje a Londres fue algo memorable, de esas anécdotas que cuentas una y otra vez en la cuadrilla. Os pedimos, por favor, que no tengáis en cuenta nuestras pintas y la gran calidad de las fotos de este post 😉

Teníamos 20 añitos sin cumplir cuando decidimos irnos unos días con un par de amigas a visitar al hermano de una de ellas que estaba viviendo en Londres.

Viajamos por primera vez con Ryanair. Zaragoza-London Stansted fue el recorrido. Del vuelo recuerdo como si fuera ayer a Laura gritando que le pitaban los oídos mientras yo miraba las nubes emocionada.

Para llegar hasta el centro, a Victoria coach station cogimos el bus de Terravision (con los años aprenderíamos que hay mejores opciones para realizar este recorrido).  Una vez allí, decidimos  ir a hacer algo de turismo (¿para qué ir al albergue a dejar las mochilas?).

Vimos por primera vez el Big Ben, el London Bridge y Buckingham Palace, de los cuales casi no hay documentos gráficos, porque la cámara digital que teníamos en aquel entonces era de las que funcionaba con pilas y la calidad es lamentable.

Tras un intento fallido de encontrar el Millenium Bridge y de caminar durante horas siguiendo la orilla del río Thames para no perdernos… Nos perdimos y decidimos poner rumbo al albergue. Albergue que nos costó lo suyo encontrar, ya que descubrimos que las calles de Londres cambian de nombre a cada rato, para continuar más adelante.

 

En aquel momento el Victoria Hostel nos pareció el lugar más acogedor del mundo, a día de hoy, está en nuetsro Top 5 de los peores sitios donde dormir en Londres. Pero con 20 años ¿A quién le importan nada?

 

Al día siguiente decidimos ir a visitar los grande almacenes Harrods. Sería que nos veíamos con más poder adquisitivo que ahora… para llegar tuvimos que concentrarnos en entender el mapa del metro pero lo logramos.

Desde allí nos fuimos a ver la estatua de Peter Pan en Hyde Park y a comer en uun buffet libre en el Pizza Hut de Oxford Street.  Una vez con el estómago lleno y la cartera un poco más vacía, a pesar de haber pedido una jarra de agua del grifo para beber, con la consecuente mirada del camarero como pensando “Ay, pobrecicas…”, nos fuimos de compras a Carnaby Street. Una vez más nos veíamos muy pudientes, pero acabamos haciendo planes para comprar un par de Converse y compartirlas entre tres. Una semana cada una creo recordar que era el plan.

Más felices que unas perdices con nuestras zapatillas nuevas, nos fuimos hasta el Big Ben de nuevo y nos sentamos en un banco a contemplarlo desde lejos, sintiéndonos agradecidas por  ser tan afortunadas de poder disfrutar de esa experiencia juntas.

Y pensando y agradeciendo se nos hizo hora de reunirnos con los amigos del hermano de nuestra amiga (queda claro con quien, no?). estuvimos cenando en su casa y depués pudimos vivir de primera mano la juega londinense, chupitos de tequila robados mientras dos rubios no miraban incluidos.

Más alegres que unas castañuelas cogimos un bus que nos llevó de vuelta al albergue para recoger nuestras mochilas, dormir un par de horas en el sofá de la zona común y dirigirnos hacia el aeropuerto a coger nuestro vuelo de buena mañana.

 

Por el camino, encontramos un carro de la compra abandonado, que nos pareció ideal para poder llevar en él todas las mochilas en vez de cargarlas a la espalda.  Y para saber lo que sucedió a continuación tras la verja metálica de una bajera tendréis que dirigiros a la sección de aventuricas del blog.

Una vez en el aeropuerto, conseguimos encajar todo en “only one bag”, mientras una de nuestras amigas que no sabía inglés le explicaba al pobre hombre de seguridad que “I go home, I lose the plane”, mientras le hacía el avioncito con los brazos. Jamás podré borrar esa imagen de mi mente ni dejar de reírme a carcajadas al recordarlo.

Tras pedirle comida a la azafata con más paciencia del mundo y dormir durante un buen rato, llegamos de vuelta a Zaragoza, donde nos esperaba otro de los hermanos de nuestra amiga para llevarnos en coche hasta casa. El viaje fue de lo más tranquilo, él condujo mientras las cuatro roncábamos agotadas.

 

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *