Un día en Oxford

Uno de los findes que nos escapamos a Londres, decidimos pasar el sábado conociendo una de las ciudades cercanas. En esta ocasión le toco el turno a Oxford.

Llegamos hasta allí en tren, que es la forma más rápida, cómoda y, si cogéis los billetes con tiempo por internet como nosotras, barata. El viaje nos costó 20 pounds ida y vuelta. Salimos desde London Paddington y, en una hora y cuarto aproximadamente, llegamos a la estación de Oxford, desde donde nos dirigimos al centro de la ciudad. Por muchas tiendas que había por el camino, no conseguimos encontrar una abierta. Pero lo que si encontramos, fue un mercadillo benéfico en el que compramos a Plum y a Berry.

Nos miraron con esos ojitos suyos desde la mesa donde los tenían abandonados y no pudimos resistirnos a ellos.

Más contentas que unas castañuelas con nuestros nuevos travel buddies, llegamos a los colleges que forman parte de la impresionante Universidad de Oxford. Visitamos el Radcliffe College. Construida en estilo paladino inglés, hoy en día se ha convertido en una sala de lectura de la Biblioteca Bodeliana. Dada la belleza de las pinturas presentes en las paredes y techos, son muchos los estudiantes que eligen tomar prestados libros de esta sala para poder disfrutar de ellas.

La siguiente parada fue la Chist Church. No acercamos a ella con toda la ilusión del mundo esperando poder entrar a uno de los escenarios de rodaje de las películas de Harry Potter, pero nos llevamos un chasco, ya que era día de graduaciones para los estudiantes y la cámara estaba cerrada al público.

Al menos ya tenemos excusa para volver y pudimos disfrutar de un tranquilo paseo por los jardines que la rodean.

Desde allí, nos dirigimos al Oxford Castle.

No entramos al interior, pero sí aprovechamos para verlo por fuera y subir a una pequeña colina situada en el interior del patio, desde donde se pueden apreciar unas magníficas vistas de la ciudad.

Un millón de fotos después y, tras haber liberado a  Plum y Berry del cepo, nos dispusimos a buscar un sitio con wifi.

¿Para qué? Pues para buscar como llegar hasta el cementerio de Wolvercote donde está la tumba de J.R.R Tolkien. Antes de encontrar un Mc Donalds donde coger wifi, pasamos por el Covered Oxford Market, compramos unas cuantas Ben’s cookies (se me hace la boca agua solo de pensar en ellas) y lloramos por no poder llevarnos todas las cosas relacionadas con Harry Potter que encontramos.

Cogimos el bus 2A para llegar al cementerio y, una vez allí, pudimos comprobar que la tumba está muy señalizada con pequeños carteles que te van guiando el camino.

 

 

No sabría muy bien como describir la sensación que me invadió cuando me senté junto a la tumba de Tolkien y su mujer. Sobre ella, no solo había flores, si no también papeles con mensajes que fans de todo el mundo han dejado allí. Como no podía ser menos tomé papel y boli y escribí mi propio agradecimiento. Y es que Not all those who wander are lost…

 

 

Con el corazón un poquito encogido, pusimos fin a nuestro día en Oxford y volvimos hasta la estación para coger el tren de vuelta a Londres, no sin antes una parada obligatoria en el Primark para buscar alguna camiseta friki de las que tanto nos gustan.

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