Una mañana en Alcatraz

Una de las visitas obligadas si estás en San Francisco es nada más y nada menos que la famosa prisión de Alcatraz. Es una actividad que se puede realizar en una mañana sin problema y después poder disfrutar del resto del día en la ciudad. Nosotras aprovechamos para ver, por la tarde, el Fisherman’s Wharf, ya que queda cerca del Pier 33 donde se coge el ferry de Alcatraz cruises para llegar hasta la isla. Es un trayecto agradable con unas vistas increíbles, tanto de la ciudad como de la isla de la prisión, que dura aproximadamente unos 15 minutos.

                 

Nada más desembarcar, te embarga la emoción al pensar dónde te encuentras y los sucesos que allí tuvieron lugar muchos años atrás. Alcatraz fue una isla solitaria durante cientos de años, hasta que en 1934 se abrió como penitenciaría federal, acogiendo entre sus paredes a criminales tan conocidos, como pueden ser Al Capone“Scarface”, George “Machine Gun” Kelly o Robert Straud, “El hombre pájaro de Alcatraz”.

La prisión permaneció abierta hasta el año 1963, justo un año después de la única fuga con éxito llevada a cabo por Frank Morris y los hermanos Anglin. Se dice que estos presos dejaron en sus camas unas cabezas hechas con papel maché para despistar a los guardias mientras ellos huían por el agua. Eso sí, el éxito de la fuga es cuestionable, ya que, nunca se encontraron los cuerpo y la teoría más extendida es que murieron en las frías aguas antes de alcanzar tierra firme.

Al  comenzar la visita, te entregan una audio guía, narrada por funcionarios y prisioneros que fueron testigos de primera mano de la historia de la prisión.

Siguiendo sus voces y sus historias recorrimos los interminables pasillos llenos de celdas, la biblioteca y el patio de recreo, que cuenta con unas vistas privilegiadas de la ciudad que eran una tortura para los prisioneros.  Uno de los puntos fuertes fue que te dejaran entrar en algunas de las celdas para experimentar en nuestra propia piel lo que sentían los presos que cumplieron allí su condena. Sin lugar a dudas, nos quedamos con la sensación de agobio y soledad que sentimos al entrar en una de las celdas de castigo del Bloque D, donde enviaban a los presos con mala conducta.

Una de las cosas que más nos impactó, además de escuchar en la audio guía la recreación de varios intentos de fuga mientras estábamos de pie justo en el punto donde tuvieron lugar, fue escuchar narrado en primera persona, cómo durante las festividades de navidad, los presos disfrutaban, a través de unos minúsculos ventanucos,  de los fuegos artificiales que tenían lugar en la ciudad.

Tras terminar la visita y, con el cuerpo un poquillo descompuesto, cogimos el ferry de vuelta a la ciudad para seguir disfrutando de ella.

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