Escala en Amsterdam

A la vuelta de nuestro viaje a Atenas, hicimos una escala larga, de unas ocho horas en Amsterdam. Ya que teníamos que hacer escala elegimos esta, ya que nos daba la oportunidad de conocer un poco una ciudad nueva.

Algo que caracteriza a esta ciudad por encima de todo es su sistema fluvial de 75 kilómetros y sus canales y más de 1000 puentes. Una de las actividades estrella es realizar un crucero por los canales, aunque nosotras tuvimos que conformarnos con ver las barquitas dese la orilla.

Llegamos al aeropuerto de Schiphol a primera hora de la mañana y, desde allí, cogimos el tren para llegar hasta el centro de la ciudad. El tren es la opción más recomendable para realizar este trayecto, ya que es barata (4.20 euros) y rápida, tarda entre 15 y 20 minutos en llegar al centro. Nos bajamos en la estación central y, desde allí, tuvimos que caminar unos 10 minutos hasta la Plaza Dam, trayecto que amenizamos con un buen cucurucho de patatas fritas tan típicas de Holanda.

La Plaza Dam es la plaza más importante de Amsterdam y es el lugar de encuentro para realizar los Free walking tour de la ciudad. Está rodeada de monumentos y edificios de interés, entre los que cabe destacar el Monumento Nacional  o el Palacio Real. El Monumento Nacional se trata de un obelisco de 22 metros que se alza en medio de la plaza como homenaje a los soldados holandeses caídos en la segunda guerra mundial. El Palacio Real fue utilizado como ayuntamiento y hoy en día es el lugar donde se celebran diferentes actos oficiales.

Tras visitar la plaza y decidir que no íbamos a hacer uno de los tours gratis como habíamos pensado en un principio, pusimos rumbo al barrio rojo, por el que callejeamos un rato observando su curioso ambiente. Dado que era de día, no tuvimos la oportunidad de ver la escena completa con sus neones y calles llenas de gente, pero si que pudimos ver varios escaparates. En este barrio podéis encontrar también la iglesia Oude Kerk o el museo Amstelkring. La siguiente parada fue el Mercado de las flores, donde compramos algunos tulipanes de madera y un montón de bulbos, que son el recuerdo estrella de todos los turistas. Hay que destacar que algunas tuvieron más suerte que otras al plantarlos de vuelta a casa.

Desde el mercado de las flores nos dirigimos hacia el Rijksmuseum o Museo nacional. Con sus siete millones de obras está considerado como el mejor museo de Holanda y es, junto al museo de Van Gogh, el más visitado por los turistas. Nuestra visita fue fugaz, ya que solamente lo vimos desde fuera porque no contábamos con mucho tiempo, así que es una de las cosas pendientes que nos quedan por hacer cuando volvamos. Lo que si aprovechamos para hacer fue la típica foto con las letras de I Amstedram.

Nos habíamos hecho una idea general aunque muy superficial de la ciudad, así que decidimos volver a la estación central y coger un tren hasta el pueblecito de Zaanse Schans para disfrutar un rato del paisaje rural y los molinos.

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