Free Montreal Tour

Después de haber pasado una divertida a la par que interesante mañana en el Parc du Mont Royal, comimos algo rápido y nos encaminamos hacia la Place de la Dauversière, donde habíamos quedado con la empresa Free Montreal Tours, para recorrer con ellos el centro histórico de la ciudad y conocerlo a fondo de la mano de guías locales. Esta plaza se encuentra justo frente al ayuntamiento, por lo que no fue difícil encontrarla.

La primera parada del tour fue el Château Ramezay. Este castillo se trata del primer edificio de Quebec en ser considerado monumento histórico.  Fue construido en 1705 por orden del gobernador francés Claude de Ramezay, con la intención de alojar a su familia y de ser el lugar donde él desarrollaría sus funciones políticas. Con el paso de los años, Montreal cambió numerosas veces de gobierno y así, el château fue residencia del intendente de la Nueva Francia, de la Compañía de las Indias, del ejército revolucionario americano,  de los gobernadores británicos, del Ministerio de instrucción pública y una corte de justicia, así como las facultades de derecho y de medicina.

Hoy en día, se puede disfrutar dentro del château de varias exposiciones, tanto permanentes como temporales, y de un recorrido multimedia, gracias al cual se podrá escuchar los relatos de diversos personajes históricos que han visitado el lugar.

La siguiente parada del tour, fue en el casco histórico, donde pudimos contemplar varios edificios, mientras disfrutamos de las amenas explicaciones de nuestra guía. En primer lugar, nos habló sobre el Marché Bonsecours. Inaugurado en 1847, aunque las obras de construcción no terminaron hasta 1852, el mercado fue sede de la alcaldía hasta el año 1978, además de albergar diferentes eventos, bailes y exposiciones. Cerró en 1963 como mercado para granjeros, en el que estos vendían sus propios productos. En la actualidad, podemos encontrar en él numerosas boutiques y cafés. Siguiendo la tradición, se siguen celebrando en su interior banquetes y acontecimientos sociales.

 

Justo al lado del mercado, encontramos el edificio del cual este último toma su nombre. Se trata de la capilla de Notre Dame de Bonsecours, más comúnmente conocida como capilla de los marineros. La construcción de esta iglesia comenzó en 1657 de la mano de santa Margarita Bourgeois, con la intención de dar cabida a los fieles devotos de la virgen en la villa de Montreal, siendo la primera iglesia construida en piedra en la zona. Algo que la hace única es el techo decorado por el pintor  Edouard Meloche, en el que se puede puede observar la vida de la virgen y los barcos que cuelgan desde el mismo. La iglesia alberga hoy un pequeño museo dedicado a recordar la vida de su fundadora.

Caminando durante un pequeño rato calle abajo, llegamos hasta el Vieux Port o puerto viejo, que se extiende a lo largo de dos kilómetros entre el casco histórico y el río San Lorenzo. Gracias a la revolución industrial del siglo XIX, el puerto vivió su momento de mayor esplendor, trasladándose, tiempo más tarde, las actividades que en él tenían lugar al actual puerto de Montreal. De este forma, el Vieux Port se convirtió en un importante sitio histórico y turístico. Caminando hacia el este, encontramos la playa del reloj, una pequeña playa de arena artificial que cuenta con sombrillas y tumbonas pero que no está adaptada para el baño. Esta playa toma su nombre del monumento situado a su lado: La Torre del Reloj. Se trata de un monumento de 45 metros de alto, construido para conmemorar la caída de marineros canadienses en la primera guerra mundial. La entrada para visitarlo es gratis, eso sí, para llegar a lo más alto hay que subir 192 escalones!

Dejando atrás la tranquilidad del puerto, volvimos a adentrarnos en el casco histórico para llegar hasta la Place d’Armes, donde se ubican varios monumentos. Entre ellos, destacar la Catedral de Notre Dame. Construida por el arquitecto estadounidense James O’Donell entre 1824 y 1829, cuenta con una preciosa decoración inspirada en la Saint Chapelle de París. En el interior, puede disfrutarse de un pequeño tour de 20 minutos, gracias al cual se puede comprender mejor esta obra. Nosotras no tuvimos ocasión de entrar, por lo que tuvimos que conformarnos con disfrutar de su fachada exterior y de sus dos torres idénticas de 69 metros de altura. Sus nombres son La Persévérance, la oeste,  y La Tempérance, la este. La primera de ellas alberga una gran campana de 11 kilos, mientras que la segunda da cabida a 10 pequeñas campanas. Dentro de la basílica se celebran varios espectáculos, siendo el más famoso el Et la lumiêre fut, con una duración de 35 minutos, realizado en las noches de martes a sábado.

Continuando con nuestro recorrido, nos dirigimos hacia la Royal Bank Tower. Este edificio fue sede del Banco Real de Canadá durante décadas, pero fue abandonado en 2010. Hoy en día, ha sido reconvertido en una cafetería de lo más curiosa, donde solo se puede acudir con invitación y donde se reúnen diseñadores freelance o estudios y desarrolladores para hablar de sus nuevos proyectos.

Durante los minutos que tuvimos oportunidad de visitar el interior de este lujoso edificio, lo que más nos llamó la atención fueron los numerosos ascensores situados a ambos lados del pasillo central y que parecen bañados en oro.

Tanto la Royal Bank Tower, como la mayoría de los edificios de esta zona de la ciudad, están conectados entre ellos por una red de calles subterráneas. Esa sería la última parada del tour y, para llegar hasta allí entramos en el World Trade Centre de Montreal. Inaugurado en 1992, comprende un bloque entero de edificios en los que encontramos tiendas, restaurantes y espacios para alquilar, entre otras cosas. Se trata de un ambiente lujoso, que refleja a la perfección el espíritu del Quartier International  de Montreal.

Dentro de las múltiples exhibiciones de las que se puede disfrutar en sus numerosos edificios, destaca un trozo del auténtico muro de Berlín, donado a Montreal para conmemorar su 350 aniversario. Una bonita manera de recordar la reincorporación de Berlín a la comunidad de ciudades libres, situada  en la Ruelle des Fortifications entre las marcas donde estuvieron las propias murallas de la antigua ciudad de Montreal.

Última parada, pero no por ello menos interesante. La ciudad subterranea de Montreal o RESO. Debido a las bajas temperaturas (en invierno se pueden alcanzar fácilmente los 30 grados bajo cero), Montreal cuenta con una red de calles subterráneas por las que desplazarse sin tener que sufrir las inclemencias atmosféricas. Aquí abajo podemos encontrar una pequeña ciudad en si misma, con hoteles, tiendas, restaurantes, conexiones con el metro, cines, bibliotecas, etc. Cuenta con 120 entradas exteriores y es visitada por cerca de 500000 personas a diario, sobre todo en los meses de invierno. En resumen, 32 kilómetros de túneles subterráneos en los que que resulta realmente fácil perderse, incluso para los propios habitantes de la ciudad, ya que las calles de esta ciudad subterránea no coinciden con las calles del exterior.es por ello, que podemos encontrar mapas de las conexiones a cada paso.

Una vez de vuelta al exterior, nuestro tour terminó en la Place Jean-Paul Rioppelle, donde se ubican el centro de congresos y la obra La Jouet, del artista de quien toma nombre la plaza. Se trata de una serie de estatuas de bronce que rodean una fuente central. Esta obra no es estática, sino que tiene un ciclo de brumas y fuego.

Desde este punto, dimos un pequeño paseo de vuelta al centro de la ciudad y pasamos un rato disfrutando de varios espectáculos callejeros de lo más curiosos. Y tocaba ya retirada que al día siguiente había que madrugar para coger un tren hasta nuestro próximo destino: Quebec  city.

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