Excursión a las Cataratas Montmorency

Teníamos una mañana para disfrutar en Quebec antes de coger un vuelo hacia Ottawa por la tarde, así que la aprovechamos haciendo una pequeña excursión a las Cataratas Montmorency.

Para llegar hasta allí, cogimos el autobús 800 en dirección a Beauport. Nos costó 7 dólares ida y vuelta a cada una y el trayecto duró unos 40 minutos. Una vez llegamos a nuestro destino, el autobús nos dejó justo en frente de la entrada al parque de las cataratas, eso sí, parece la entrada a un pequeño parquecillo cualquiera así que hay que tener cuidado de no saltársela como casi hicimos nosotras. Tras un corto paseo llegamos a la primera parte de la visita, que es un puente  que pasa justo por encima de las cataratas, que en los meses de verano son impresionantes, ya que bajan cargadas de agua de color amarillento debido al hierro que arrastran. Por el contrario, en invierno ofrecen una estampa asombrosa cuando se congelan creando el fenómeno conocido como pan de nieve. Dejando a un lado el vértigo y los pensamientos de qué pasaría si el puente llegara a romperse, lo cruzamos, paradas incluidas para apreciar el paisaje y tomar un millón de fotos, y llegamos al otro lado. La otra opción de cruzar es utilizando un teleférico de pago.

Al otro lado del puente comienza un descenso por escaleras un tanto peligroso, ya que estas están mojadas debido a las salpicaduras del agua, pero, con un poco de cuidado, pudimos bajar y subir sin problema.

Las Cataratas Montmorency tienen 83 metros de alto, 30 más que sus hermanas más famosas del Niagara, aunque son menos caudalosas que estas. A lo largo del recorrido de las escaleras hay varios miradores en los que parar a descansar y recuperar el aliento, sobre todo a la hora de subir, mientras disfrutamos de las increíbles vistas. Nosotras tuvimos muchísima suerte, ya que nos salió un día soleado en el que el arcoiris brillaba sobre las cataratas, lo cual era digno de retratar con la cámara y de disfrutar en directo, por supuesto.

Pasamos más o menos una hora en el parque, por lo que tuvimos tiempo de sobra de comprar algo para almorzar en un pequeño supermercado situado frente al parque y al lado de la parada del bús que teníamos que coger de vuelta a casa. No es que tuviéramos demasiado hambre y por eso compramos algo, el problema fue que no llevábamos cambios para el autobús y, como solamente aceptan el importe justo en monedas, nos vimos obligadas a comprar algo, ya que la chica que trabajaba en el supermercado no consintió en darnos cambios si no gastábamos algo. Pequeños gajes de viajar y no haber comprado un billete de día para el transporte. Una vez en de vuelta en el hotel, recogimos nuestro equipaje y llamamos un Uber para que nos llevara hasta el aeropuerto a coger nuestro vuelo hacia Ottawa.

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