Riviera maya

Hay  viajes que te pasas la vida esperando a que lleguen y que cuando pasan no terminas de creerte que estés allí. Para nosotras, uno de esos viajes fue Riviera Maya. Una de las dos (a ver si adivináis quien) llevaba desde tiempos inmemoriales insistiendo para ir allí y, por fin, la semana santa de este año nos decidimos a poner rumbo a México. Volamos directas desde Madrid a Cancún y nos alojamos en la zona de Playa del Carmen en el hotel Grand Palladium.

El primer susto fue al llegar al hotel sobre las 2 de la mañana y que nos dijeran que no salían nuestros nombres en el registro. Por suerte, todo el problema fue que el shuttle que nos había traído desde el aeropuerto nos había dejado en la recepción equivocada y, es que resultó que este hotel está dividido en 5 zonas, cada una con su recepción independiente. Una vez superado este pequeño sustillo, llegamos a la habitación y pudimos disfrutar de unos días increíbles rodeadas de palmeras, bebida, hamacas, piscinas, sol y lluvia.

Nosotras hicimos este viaje en Abril y nos pilló el inicio de la temporada de lluvias, por lo que, os recomendaríamos hacer este viaje en otras fechas, por ejemplo en el puente de Diciembre, ya que el tiempo acompaña más y no es tan caluroso como en verano.

Además de disfrutar y relajarnos en las piscinas y la paya del hotel, rodeadas de música, arena blanca y mojitos, hicimos varias excursiones para conocer la zona. Una de las que habíamos contratado, que era a Isla Mujeres, nos la suspendieron debido al tiempo, ya que el día que la teníamos programada, llovía a cántaros y nos dijeron que no sería seguro ir en el catamarán ni hacer snorkel, por no hablar de que no íbamos a poder disfrutar del rato libre en la playa.

Fue una gran decepción, pero la empresa nos devolvió el importe sin problema y nos ofreció hacerla otro día, cosa que no pudimos hacer, porque no disponíamos de más días. Así que es una de las cosas que se nos quedaron pendientes para la siguiente visita.

La que si tuvimos la gran suerte de poder hacer fue la imprescincible visita a Chichen Itza. En la misma excursión contratada con Excursiones Riviera Maya, disfrutamos además del cenote Hubiku y de las pirámides de Ek Balam. Nos costó 90 euros y tuvimos la grandísima suerte de que tuvimos un guía de habla hispana para nosotras solas todo el día, por lo que pudimos disponer del tiempo a nustro antojo.

El mini bus nos recogió en nuestro hotel bien temprano por la mañana y la primera parada fue Chichen Itza, allí disfrutamos con nuestro guía Jesús de toda la historia y belleza del lugar. Lo bueno de madrugar y llegar pronto es que te evitas el calor y las aglomeraciones de gente. Además de la pirámide principal, a la que no sé si por suerte o por desgracia no está permitido subir,  pudimos ver también la zona del mercado, los frontones donde los antiguos mayas jugaban a pelota y varias tumbas y monumentos a los dioses entre otras cosas.

A tener en cuenta durante el rato libre que suelen dejar para ir a tu aire y comprar algún souvenir, regatead y mirad todos los puestos antes de decidiros a comprar algo, juegan mucho con los precios y los turistas.

Después de esta primera parada pusimos rumbo hacia el cenote Hubiku. Una vez allí, nuestro guía nos enseñó donde estaban los vestuarios donde poder cambiarnos y dejar las cosas de valor, como la cámara de fotos, en taquillas con llave, y nos acompañó hasta la entrada al cenote.

Fue una experiencia increíble bañarnos en un lugar así. La entrada hay que hacerla saltando, porque como vayas poco a poco, con lo fría que está el agua, no entras. Para los menos atrevidos, en las escaleras de bajada, alquilan chalecos salvavidas para estar más seguros en el agua. Para que os hagáis una idea de las dimensiones de este cenote, mide unos 27 metros de profundidad y unos 50 de diámetro.

Tras el refrescante baño en este lugar único, tuvimos la suerte de disfrutar de un buffet yucateco en el restaurante anexo. Ojito con probar todos los picantes a lo loco como hacemos algunas que luego os entraran calores para el resto del día!

De vuelta al minibús, con el estómago lleno y el cuerpo refrescado, pusimos rumbo a la última parada del día: la zona arqueológica de Ek Balam.

En el idioma maya yucateco, su nombre significa jaguar negro y se encuentra situado a 30 kilómetros de la ciudad de Valladolid, por la que pasamos de camino en el bús. En Ek Balam sí que tuvimos la oportunidad de poner a trabajar las piernas y subir a un par de pirámides, desde cuyas cimas hay unas vistas espectaculares de los alrededores.

Nuestro guía nos fue explicando qué era cada edificio, para que se utilizaban, cómo se conservan y demás cosas curiosas, eso sí, a la hora de subir, el pobre se ofrecía a quedarse abajo guardándonos las mochilas. Algunos de los edificios que se pueden ver en este yacimiento son el Arco de entrada, El palacio oval o un juego de pelota.

Terminada la excursión, subimos al bús que nos llevó de vuelta al hotel donde disfrutamos de una gran cena y un merecido descanso hasta el día siguiente.

Para recobrar fuerzas, el siguiente día lo pasamos de relax en el hotel, que, ya que no había sido precisamente barato, había que aprovecharlo también. Y con las pilas cargadas nos dispusimos a realizar la segunda excursión del viaje.

Contratamos con la misma empresa que la anterior y esta vez le tocó el turno a Tulum, Coba y snorkel. esta excursión nos costó también 90 euros. La verdad es que llegar a Tulum por vuestra cuenta no es difícil, ya que se puede ir en transporte público o en coche y la entrada al recinto es bastante asequible, pero nosotras preferimos hacerlo con visita guiada para poder aprovechar el día para ir también hasta Cobá y para tener un guía que nos explicara bien todo el recorrido. Madrugón y recogida en el hotel por el mismo guía y pusimos rumbo a Tulum.

Al llegar allí, impresionan las vistas de las ruinas mayas al borde de un acantilado que, junto al color azul del mar, hacen del lugar uno de los más hermosos y fotogénicos de la zona. Entre las ruinas que podemos visitar, destaca el castillo principal, con 12 metros de altura, que es la edificación más alta de esta reserva arqueológica y, una de las más admiradas, junto con los numerosos templos dedicados a diferentes divinidades.

Otra de las zonas más interesantes para visitar es la Reserva de la biosfera de Sian Ka’an, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Tulum se encuentra rodeado por pequeños pueblos, cenotes y playas que también se pueden visitar para completar la experiencia.

Una de las actividades más codiciadas en esta zona es el snorkel en el arrecife de coral, en el que se puede observar la fauna y flora marina. Y es allí donde nos dirigimos después de ver Tulum.

Llegamos a la playa, nos encasquetamos nuestros chalecos salvavidas y nos subimos a la pequeña barca que nos llevaría mar adentro. Tras navegar unos cuantos metros, obtuvimos unas vistas panorámicas de Tulum desde el agua impresionantes, así que, tras la foto de rigor, nos pusimos las aletas y las gafas y saltamos al agua siguiendo a nuestro intrépido guía.

Algunas nos manejamos con más facilidad que otras en el agua, pero todo el grupo pudimos disfrutar de un rato muy agradable entre peces, tortugas y corales. No sin poco esfuerzo, volvimos a la barca para llegar hasta la orilla, a secarnos y al minibús para encaminarnos hacia Cobá.

La última parada de nuetsro día fue Cobá. Poco antes de llegar allí, comenzó a diluviar, por lo que aprovechamos para parar a comer en un pueblecito cercano y disfrutar de una agradable típica comida yucateca. Tras un buen rato, la cosa no tenía pinta de que fuera a parar de llover, así que nuestro buen guía Jesús nos ofreció volver a casa y devolvernos parte de lo que habíamos pagado por la excursión, o encaminarnos hacia Cobá bajo la lluvia, con la esperanza de que en algún momento el cielo dejase de echar agua.

Obviamente, nos decantamos por continuar con la excursión. Al llegar a la entrada nos ofrecieron unos ponchos de plástico a precio de turista, que declinamos muy amablemente. Hacía calor y mojarse un poco nunca ha matado a nadie así que hacia Cobá bajo la lluvia que fuimos. Realizamos el camino hasta la pirámide principal a pie bastante rápido, debido a la lluvia. También podían alquilarse bicicletas o carritos que te llevaran, pero preferimos caminar. Disfrutamos de un agradable y húmedo paseo y llegamos a nuestro destino, empapadas pero felices miramos hacia arriba y nos asustamos un poco al ver los 42 metros de escaleras que nos disponíamos a subir. En ese momento, el cielo se apiadó de nosotras y comenzó a escampar.

La experiencia de subir, con varias paradas para tomar fotos que no aire, fue maravillosa, ya que, a medida que vas subiendo vas haciéndote una idea de las increíbles vistas que te esperan al llegar arriba. Hemos de decir, que la bajada fue más peligrosa que la bajada, debido a la piedra mojada y a la gran inclinación y tamaño de los escalones. Pero está muy bien preparado, ya que cuentan con cuerdas a las que poder ir agarrándote a medida que desciendes, eso si, agachadas con el culo casi pegado a los escalones.

Nuestro guía nos recibió abajo entre aplausos y risas y emprendimos el camino de vuelta al bus, esta vez más relajados, porque ya no llovía, y disfrutamos de sus explicaciones del resto de edificios que fuimos encontrando a nuestro paso.

De regreso en el hotel, nos despedimos de Jesús, que más que un guía ya era un amigo, después de dos días juntos y nos fuimos a cenar y a dormir.

El resto de días que nos quedaban en México los pasamos visitando la ciudad de Playa del Carmen, a la que fuimos por nuestra cuenta en transporte público, y relajándonos entre ratos de lluvia y sol en la piscina. Y con toda la pena de nuestro corazón, llegó el momento de volver a casa y a la vida real dejando atrás este paraíso y un pedacito de nosotras allí esperando hasta que podamos volver.

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