Orlando

  • Nada más llegar al motel donde íbamos a alojarnos, nos dimos cuenta de que no iba a ser precisamente lujoso. Eso sí, nunca se me olvidará la Cara de Laura cuando vio unas manchas rojo oscuro en el suelo del pasillo camino a la habitación. ¿Era sangre? ¿Ketchup? Nunca lo sabremos…
  • Después de pasar un par de días disfrutando de los parques y sus atracciones, teníamos que ir hasta otro hotel, donde íbamos a pasar la noche antes de coger el vuelo rumbo a Los Ángeles por la mañana. Para llegar hasta allí, el taxi nos cobraba más de 60 dólares y, como buenas viajeras low budget que somos, nos dio dolor de corazón. El chico que trabajaba en el puesto de información turística del motel donde estábamos se percató de la situación y se acercó a nosotras. Nos dijo que él terminaba su turno en media hora, que si no nos importaba esperarle, él nos llevaba por la mitad. Y dicho y hecho! En su coche que nos montamos! Esta es de estas cosas que Laura prefiere no hacer y a la que yo arrastro. Total, ¿Qué podía pasar? El tipo parecía buena gente… Y lo era. Nos llevó a nuestro destino sanas y salvas y, hasta nos ayudó a cargar las maletas. Eso sí, durante el viaje, que duró un buen rato, nos pasó de todo por la cabeza, ya nos veíamos secuestradas y sin que nadie supiera dónde estábamos.. Y es que la carretera era eternamente larga y recta, parecía que íbamos a cruzar el país en coche en una noche! Al llegar al hotel, descubrimos que era un mega hotel y que nos había costado dos duros, así que disfrutamos de unas horas de sueño reparador, sabiendo que las manchas de la moqueta solo eran del colacao que se nos había derramado a nosotras.