Túnez

Un verano se me metió en la cabeza que quería irme a Túnez. Se lo conté a mis amigas, pero ninguna quiso venirse conmigo, así que yo estaba dispuesta a irme sola. Hasta que un día, hablando con el camarero de un bar al que solía ir por aquel entonces, él me contó que Túnez era su país natal y que iba a pasar unos días allí en verano y me invitó a ir con él.  Cualquier persona en su sano juicio habría dicho que no, pero yo, que estoy un poco loca (mi madre siempre me lo dice, pero yo no creo que sea para tanto), le dije que por supuesto que me iba con él. He de decir a mi favor, que quedamos varias veces antes de irnos para conocernos mejor y ahora somos buenos amigos y hemos compartido más viajes juntos desde entonces.

 

Una de las cosas que me tocó hacer en tierras tunecinas en varias ocasiones, fue ponerme un pañuelo en la cabeza y hacerme pasar por la mujer de mi amigo. Gracias a esto tuve la suerte de ahorrarme la entrada a varios monumentos e, incluso, entrar en algunos a los que los extranjeros no tenemos acceso.